Nueva modificación de Inversión del Sujeto Pasivo a efectos de IVA

El 1 de abril de 2015 entró en vigor el nuevo apartado g) del artículo 84.Uno.2 de la Ley del IVA y con él, el nuevo supuesto de inversión del sujeto.


Por lo que además de los supuestos establecidos en el artículo 84.Uno.2 de la Ley del IVA serán sujetos pasivos del impuesto los empresarios o profesionales que reciban los bienes y servicios:

  • En las entregas de Plata, Paladio y Platino.

  • En las entregas efectuadas a empresarios revendedores, en todo caso.

  • En las entregas efectuadas a cualquier empresario no revendedor, cuando se trate de teléfonos móviles, consolas de videojuegos, ordenadores portátiles y tabletas digitales, y siempre que la cuantía supere los 10.000 euros, IVA excluido.


Como regla general, el sujeto pasivo del IVA, quien está obligado a ingresar el impuesto ante Hacienda, es el empresario o profesional que realiza la operación, es decir el transmitente del bien o el prestador del servicio. No obstante, en algunos supuestos la Directiva 2006/112/CE relativa al sistema común del IVA habilita a los Estados miembros a designar como sujeto pasivo al destinatario de dichas operaciones.

Por tanto, y para poder hacer efectiva la inversión del sujeto pasivo, el empresario o profesional que actúe como revendedor deberá acreditar al vendedor su condición mediante la aportación de un certificado específico emitido por la AEAT (Agencia Estatal de la Administración Tributaria). Para ello, deberá comunicar previamente, a través de la declaración censal, su condición de revendedor a la Administración tributaria al comienzo de la actividad, o bien durante el mes de noviembre anterior al inicio del año natural en el que deba surtir efecto.


Dicha habilitación se circunscribe a sectores en los que frecuentemente se han detectado tramas para eludir el pago del impuesto, donde posee especial relevancia el siguiente esquema de fraude y principal motivo del cambio en la legislación:

La mercancía objeto del fraude viajaba directamente desde el norte de Europa (Dinamarca, Bélgica y Holanda) a almacenes logísticos españoles que, a su vez, la remitían a los comercializadores finales. Sin embargo, para llevar a cabo el fraude al IVA se interponían en este esquema una serie de sociedades creadas en otros países europeos (Portugal y Rumanía) y en España.


La mecánica del fraude consistía en que los productos, a pesar de viajar directamente a España, eran facturados por las sociedades del norte de Europa a truchas remotas (Empresas que se aprovechan de la propia estructura del IVA para beneficiarse del juego de la “autorepercusión” del impuesto en las adquisiciones intracomunitarias y así, defraudar), creadas en Rumanía y Portugal.


Estas empresas eran, nominalmente, los primeros receptores de la mercancía, limitándose a su refacturación a otras sociedades ficticias españolas, que tampoco recibían las mercancías y que, a su vez, refacturaban a otras sociedades españolas (sociedad pantalla : sociedad que sirve como vehículo para diferentes operaciones empresariales sin tener ella misma activos significativos u operaciones propias), también creadas para la ocasión, que finalmente facturaban a las sociedades distribuidoras reales.

De esta manera, mientras la mercancía iba directamente desde una sociedad del norte de Europa a un distribuidor español, la facturación se realizaba siguiendo un circuito del que formaban parte, además del emisor y el receptor de la mercancía, hasta tres intermediarios (sociedades truchas en Rumanía y Portugal, truchas en España y sociedades pantalla en España).


Dado que, de acuerdo con la normativa comunitaria del IVA, no procede pagar este impuesto indirecto en las compras intracomunitarias, pero sí en las ventas interiores de España, las “truchas españolas” tendrían que ingresar unas cantidades de IVA muy elevadas, al no soportar IVA en sus compras y sí repercutirlo en sus ventas.

Sin embargo, estas sociedades manipulaban sus datos fiscales, creando cuotas de IVA soportadas ficticias, habilitando así la reducción artificial de la cantidad a pagar a la Hacienda Pública. Por tanto, el fraude fiscal se producía en el momento en que las truchas españolas, que recibían una entrega intracomunitaria exenta y repercutían IVA en la venta a las sociedades pantalla española, no ingresaban esas cuotas del impuesto en Hacienda. En los escalones posteriores de la facturación ficticia, las sociedades ya sí soportaban IVA en las compras y lo repercutían en las ventas, como empresas normales, pero la trama ya había conseguido ofrecer al comercializador en España unos precios inferiores a los de sus competidores.


Para finalizar, unos aspectos a tener en cuenta para la facturación de las situaciones en las que exista inversión del sujeto pasivo:

En los citados casos el sujeto pasivo del Impuesto correspondiente será su destinatario, por lo que se deberá incluir en la factura una referencia a las disposiciones correspondientes de la Directiva 77/388/CEE, de 17 de mayo, Sexta Directiva del Consejo en materia del Impuesto sobre el Valor Añadido, o a los preceptos correspondientes de la Ley del Impuesto o indicación de que el sujeto pasivo del Impuesto es el destinatario de la operación. Lo dispuesto en este apartado se aplicará asimismo cuando se documenten varias operaciones en una única factura y las circunstancias que se han señalado se refieran únicamente a parte de ellas.


Quizás te interese:

  • Legalización de libros obligatorios de los empresarios

  • Modificaciones de la Ley de Sociedades de Capital


0 vistas

Inscríbete en Insights