Mi madre dice: merluzas grandes que pesen poco, no hay

Me imagino que os chocará el título de artículo, pero si me leéis hasta el final entenderéis el porqué del mismo. Yo no llevo mucho tiempo en el mercado laboral, dada la generación a la que pertenezco estar en él ya es un logro (pero ese es otro tema). Como decía no tengo esos años de experiencia que parecen capacitarte para hacer afirmaciones categóricas sobre la empresa, el mercado, el sector y muchas otras cosas más, sin embargo tengo el sentido común de escuchar.


Y es que dicen que tenemos dos oídos y una boca para escuchar el doble de lo que hablamos. También se cuenta que a veces dos ojos no valen lo que una mirada atenta, y en este caso considero que tengo una gran capacidad de mirar y… ver. Soy de esa generación que supuestamente no tiene el hábito de la lectura (cosa no del todo cierta), es verdad que nos cuesta coger libros de filosofía y física cuántica, pero también somos la generación del coaching y los libros de autoayuda empresariales o no, así que aun sintiéndolo por los señores Kant y Plank, leer leemos.


De esas lecturas, las conversaciones de pasillo, oído y mirada atenta a lo que sucede y frases de hombres celebres, sale la reflexión que da pie a este artículo (realizando afirmaciones categóricas que por experiencia, en teoría, no me corresponden).

Todos los planes que una empresa realiza, ya sea a nivel general o departamental, de marketing, financieros, comerciales o publicitarios tienen como pieza básica y común una cosa, las personas. Son ellas quienes deben implementarlos, quienes conforman los departamentos que están involucrados y a quienes se les encomienda ejecutar las acciones para conseguir los objetivos propuestos en esos planes.


Pero aquí me gustaría recalcar la realidad y es que no son todas las personas de las empresas las que hacen posibles esos planes, son solo algunas. Las que entienden que «si no formas parte de la solución formas parte del problema». Esas personas que tienen y ejercen a la vez dos características que las diferencian del resto, aptitud y actitud.


Aptitud

Del latín: aptus, capaz para. Es la capacidad que tiene una persona para realizar una tarea determinada. La aptitud está relacionada con las habilidades innatas y adquiridas, fruto de un proceso de aprendizaje.


A ninguno se nos escapa la necesidad de formarnos continuamente, de adquirir nuevos conocimientos en un mercado que no sólo cambia continuamente, sino que cada vez lo hace más rápido. En un sector como el nuestro, donde ejercemos como dinamizadores de nuevos proyectos, estar al tanto de todas aquellas herramientas e información que nos sean útiles para rentabilizar la inversión de nuestros clientes se vuelve un imperativo.


Ser aptos entonces significa estar al día. Saber lo que funciona y lo que no, y también saber por qué no funcionó lo que no funcionó. Las innovaciones son útiles cuando las usamos, algún día os contare como mi madre, otra vez ella, paso de ser una buena vendedora a ser la mejor vendedora de su empresa usando una «innovación tecnológica» llamada agenda. Sí, sí, agenda, no Schedule, con hojas diarias en papel, pero ese es tema de otro artículo.


Dice el refrán que «en el mundo como en la mar, no se ahoga quien sabe nadar» y eso es otro ejemplo de la sabiduría popular, de la necesidad de estar capacitados para lo que venga.


En el mundo de los negocios no basta con tener grandes cualidades, hay que saber emplearlas. Es necesario ser conscientes de nuestras debilidades y fortalezas, y para eso hay que mirar hacia afuera (ver qué hay en el mercado, qué es lo que demanda el público, los clientes) y mirarnos a nosotros mismos (dónde fallamos, qué nos hace fuertes).

Además de entender si buscamos ser exitosos o ser valiosos. Dicen que el éxito es más efímero y que si eres alguien valioso lo serás siempre, yo opino que buscar un poco de éxito tampoco será tan malo, pero entiendo lo importante que es sentirse valioso.


Cada día nos enfrentamos a retos personales y profesionales y resolverlos depende en gran medida de la actitud con la que nos enfrentemos a ellos. Por eso toda la aptitud, la capacidad que hayamos obtenido no servirá de nada sin la otra característica diferencial que mencionaba antes.


La actitud

Es la forma de actuar de una persona, el comportamiento que emplea un individuo para hacer las cosas o un sentimiento interior expresado en la conducta.

¿Porque es tan importante la actitud? Porque marca nuestra postura para enfrentarnos a las diversas situaciones de la vida. Nuestro ánimo, nuestra salud, nuestras preocupaciones, las presiones del trabajo, todo lo que pasa a nuestro alrededor nos influye haciendo que cada día nos sintamos diferentes.


Mantener una actitud positiva hará que muchas de las preocupaciones, las limitaciones y las barreras desaparezcan. Una actitud positiva nos acerca al éxito y a ser valiosos, tanto en lo profesional como en lo personal; por el contrario una mente negativa nunca podrá darnos una vida positiva, y no, no estoy hablando de vuestra pareja.


Los libros de autoayuda empresarial están llenos de frases como estas. De citas como la de los chinos que reza que quien no sepa sonreír no debería abrir una tienda (y a la vista está que lo han debido interiorizar), o aquellas que indican que lo importante no es las veces que caemos si no las que nos levantamos, o que si lloras por no ver el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas. Todas ellas hacen referencia a una cosa: la actitud que debemos tener frente a la vida.


Cuando un cliente no compra nuestra solución, cuando no nos sentimos recompensados en la empresa, cuando algo negativo nos ocurre en cualquier ámbito, no serán sólo nuestros conocimientos los que nos ayuden a seguir adelante, será necesario echar mano de nuestra actitud. Pero no hay que esperar a que lleguen los grandes desastres para mostrar ejemplos de actitud positiva, en el día a día con nuestros compañeros de trabajo, en el bar, en el coche, con los clientes tenemos oportunidades de sacarla a flote.

Os invito a hacer una prueba, cuando vayáis por la calle sonreír, fijaros en cómo la gente que viene de frente, al menos los que no estén mirado el WhatsApp, también sonreirán, porque las actitudes, como las sonrisas, son contagiosas.


¿Merece la pena contagiarse de nuestra actitud?

Finalmente llegamos al título de este artículo. Hay cosas que no pueden ser, no puede existir el éxito personal, ni profesional sin la correcta aptitud y actitud en los negocios, no puede existir el éxito en una empresa sin la actitud y la aptitud correcta de quienes la conforman. Y por supuesto no puede haber merluzas grandes que pesen poco.

No pretendo enseñar a nadie lo que debe hacer, faltaría más, porque como me dijo alguien en estos últimos años (y esa vez no fue mi madre), no hay camino que enseñar, sólo hay que aprender a caminar y en nosotros está formar parte de los que hacen funcionar las cosas.


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