Los errores que todo founder debe tener en cuenta al invertir en startups

Actualizado: hace 6 días

El deseo de todo inversor es encontrar nuevos proyectos potentes y escalables con los que conseguir un buen retorno. Sin embargo, desde el momento de la inversión hasta la venta de la compañía, suelen pasar entre 5 y 7 años, aunque la esperanza de obtener un plus de rentabilidad siempre está ahí.

El retorno de la inversión nos permite planificar metas basadas en resultados tangibles y comprender si vale la pena invertir en una determinada startup o no, pero ¿por qué gran parte de las inversiones fracasan? ¿Cuáles son los errores más comunes?


1. Invertir en sectores desconocidos

Con mucha frecuencia, los inversores se lanzan con su capital en industrias innovadoras sin tener ningún tipo de conocimiento sobre ellas (tamaño, penetración del producto, composición del market share actual…), lo que les lleva a minimizar los riesgos y poner todo su optimismo sobre la balanza. Si, por el contrario, supieran si es una industria en auge, otros proyectos fracasados en el sector o la desaceleración del mismo, podrían evitar riesgos innecesarios en su capital.


2. Invertir más de lo que pueden permitirse perder en una sola inversión

Las altas expectativas en la rentabilidad, en ocasiones, pueden nublarnos la vista, impidiendo ver la posibilidad de fracasar. Es precavido no invertir una cantidad mayor de la que uno podrá permitirse perder en una sola inversión, sino repartirla en diferentes startups. Siempre será más eficaz desempeñar un método razonable que no venga impulsado por las emociones.


3. No invertir en proyectos con un gran potencial

Lo mejor es buscar startups con unpotencial muy alto en fases tempranas. A no ser que se trate de sectores muy concretos donde lo habitual es que los plazos sean demasiado largos y requieran muchos años para obtener rentabilidad.


4. Falta de diversificación

Centrar todos los esfuerzos en unas pocas empresas es muy arriesgado. Lo recomendable es distribuir el capital invertido para evitar la volatilidad de la cartera. De esta forma, se reduce el riesgo mediante la inversión en distintos activos y se mejora la rentabilidad obtenida en relación con el riesgo asumido.


5. Escaso conocimiento en el background de los fundadores

¿Quién o quiénes se encuentran detrás del proyecto? ¿Cuál es su experiencia global? Conocer estos detalles en la etapa inicial de la startup es mucho más importante que cualquier idea. Saber cómo el emprendedor va a afrontar las distintas etapas o situaciones que puedan generarse permite conocer algunos riesgos, así como vislumbrar las posibilidades de éxito.


6. No conocer la competencia

¿Qué diferencia a nuestros competidores? ¿Cuál es su propuesta de valor? Es importante pararse y mirar el entorno competitivo antes de lanzarse a invertir. Hoy en día, prácticamente nadie tiene una idea única e innovadora, ya que es muy difícil tener algo totalmente nuevo. El problema que este proyecto está intentando solucionar, alguien ya lo está solucionando de otra forma, con modelos sustitutos. Es imprescindible estudiarlos para identificar el valor diferencial.


7. Falta de conocimiento en cómo se va a salir de ese emprendimiento

Es importante valorar si el retorno que vamos a obtener va a ser por la venta del proyecto, por la venta de la participación o por la generación de un flujo. Son negocios muy diferentes, ya que un negocio generado por la venta de la compañía va a tratar de crear mucho más capital en el futuro y de reinvertir. Sin embargo, en los negocios de flujo, se puede invertir en proyectos relacionados con recursos humanos donde va a ser muy difícil venderlo. Lo que se genera es un flujo.


En definitiva, y puesto que no hay una estrategia perfecta, la posibilidad de fracasar siempre estará ahí. Pero de uno mismo dependerá el salir del bache y volver a disfrutar de los beneficios que pueden brindar las inversiones. Por tanto, otro error será precisamente no aprender de los errores.

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