Inmersos en la contabilidad de costes

Actualizado: may 27

El objetivo central de todo negocio es prosperar y crecer económicamente. El aumento de la rentabilidad pasa por llevar un adecuado control de costes, siendo imprescindible determinar sus diferentes clases, pero ¿hay alguna regla fija que los identifique?



Costes fijos vs. costes variables

El primero de ellos, como su nombre indica, son aquellos “gastos” a los que el ente económico debe hacer frente, tanto si produce una sola unidad de producto/servicio como si produce X unidades (según su capacidad de producción). Una vez superada esa capacidad se debe definir un nuevo umbral de costes fijos, razón por la cual se dice que los costes fijos a largo plazo no existen.

Una de sus principales características es que son periódicos, se repiten con cierta frecuencia que puede ser mensual, trimestral, etc. Algunos ejemplos típicos son el alquiler, los seguros y la mano de obra indirecta. Y deben ser distribuidos en cada unidad vendida para determinar su valor de producción, tomando en cuenta la relación volumen y tamaño del negocio.

Por otro lado están los costes variables que permiten una mayor flexibilidad y por tanto una mejor adaptabilidad. Están directamente relacionados con el volumen de producción, aumentando o disminuyendo según sea el caso, siendo los principales:

  • Materias primas o mercadería.

  • Fletes.

  • La mano de obra directa (MOD).

  • Costes Indirectos de producción: todo otro tipo de bienes (materiales indirectos, insumos, herramientas) y servicios, tributos especiales, etc., que se consumen o son relativos a la producción.

Aunque los costes variables ofrezcan una flexibilidad superior a la compañía, ésta no puede pretender soportar unos costes fijos elevados por encima del punto de equilibrio a los costes variables. Siempre será más rentable una empresa con un mayor volumen de costes variables que fijos.

¿Qué otros métodos de diferenciación existen?

Otra forma no menos importante de analizar los costes de empresa, es su clasificación en costes directos e indirectos. Los primeros están relacionados con la actividad del proceso productivo del bien o servicio; se identifican fácilmente porque sin ellos no existiría bien o servicio, además no necesitan una norma de reparto. Por el contrario, los costes indirectos hacen referencia al período económico y necesitan ser asignados mediante un método de reparto.

Entre los sistemas utilizados para la división está el método de las secciones, en ellas se hace un reparto primario que clasifica y localiza los costes por su naturaleza, y a partir de ahí realiza la imputación a los diferentes centros de coste: principales y auxiliares. Después se realiza un reparto secundario que sí tiene en cuenta los centros de coste.

El otro método empleado es el directo, que resulta útil si los costes de los centros de “servicios” son imputados directamente a los centros de producción.

Utilidad del correcto análisis de los tipos de costes

El análisis de los diferentes tipos de costes y la importancia de su direccionamiento eficiente sirve para garantizar la competitividad del producto/servicio en el mercado y nos muestra si nuestro precio de venta tiene o no coherencia con la estructura de costes de la empresa.

Además nos permite realizar un análisis de la rentabilidad del negocio, los márgenes de contribución y bruto entre otros, así como la rentabilidad neta (EBIT) que, junto con el Flujo de Caja, proporcionan la medida última de la capacidad financiera de la compañía.

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El margen de contribución se obtiene restando los costes variables a los ingresos de ventas. El resultado son las unidades monetarias que permiten a la empresa cubrir todos los costes fijos. Este primer resultado ya ofrece conclusiones al empresario. Mientras que el margen bruto ofrece una comparativa en la rentabilidad de dos o más líneas de negocio o producto.

En este punto, se hace esencial entender el concepto de Punto de Equilibrio, que es aquel volumen de producción y/o ventas requerido para cubrir 100% de los costes fijos y por encima del cual se generará una utilidad.

Para poder ver todos estos conceptos en conjunto analizaremos un ejemplo doméstico, como la producción de queso manchego. La Mancha es muy conocida por sus quesos, vinos, azafrán y un sinfín de delicias. Si de quesos se trata, aquí la estrella será la leche de oveja con denominación de origen y para el final un toque de aceite de oliva según la clase de queso a producir.

Los elementos necesarios para producir un queso que al final tiene un peso inferior a 1,5 kg tendrán un coste de 50,00€. Supongamos que en un rincón de la Mancha, un legendario quesero con secretos ancestrales en la elaboración de queso, alquila una villa habilitada para su producción y por la cual paga 20.000€ mensuales. Los enseres que él requiere tienen una amortización mensual de 4.600€. En total sus costes fijos ascienden a 24.600€. Nuestro legendario quesero vende cada queso con denominación de origen por 80,00€

Consideraciones: si el precio de venta por cada queso es de 80,00€ y el coste variable por unidad es de 50,00€, significa que cada queso vendido contribuirá con 30,00€ para cubrir los costes fijos y las utilidades operacionales del negocio, si utilizamos la siguiente fórmula para hallar el punto de equilibrio obtendríamos:


Reemplazando los valores del ejemplo obtendríamos

PE = 24.600/(80-50) = 820 unidades

Esas 820 unidades corresponderían con la cantidad de quesos que habría que vender para cubrir los costes operativos y a partir de este punto se comenzarían a generar beneficios.

¿Cómo minimizar los costes fijos?

La falta de análisis de los costes fijos reduce la flexibilidad del negocio, puede llegar a hundirlo o hacerlo más vulnerable a la competencia y en general retarda el cambio que promueve la innovación que ayudará al logro de éxitos y beneficios.

Por tanto, sabemos que reducir este tipo de costes se ha convertido en una necesidad para garantizar la viabilidad de las empresas. Al efecto, una modalidad interesante es la opción de la externalización de algunas funciones que son indispensables para el buen funcionamiento de la empresa, y que no sean parte de la estructura central (core) del negocio.

En este sentido se puede recurrir a empresas de “outsourcing” (externalización), expertas en servicios, tales como legal, fiscal, comercial, laboral, contable, estructuras administrativas, logística, técnicos de laboratorio o manejo de materiales ya que estas empresas pueden ejecutar dichas funciones a un coste inferior con el fin de ser más eficiente.

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