¿De verdad somos una generación sin sueños?

A veces tiene que pasar un tiempo para que algunas palabras cobren sentido. En el momento no las entiendes, pero las guardas, esperando a que llegue el momento adecuado para comprenderlas.


Hoy vuelvo a febrero de 2010 para dar sentido a unas palabras que no comprendí entonces, las mismas que han tenido que esperar 5 años para que pueda entenderlas.


Mi memoria las describe de la siguiente manera “Mañana saldréis a buscar vuestro primer trabajo, hablamos hoy de crisis, de desempleo y recesión, pero esto pasará de largo, ¿qué quedará después? Esto es lo que debe preocuparos, porque este es el reto que tiene Europa, el reto que tenéis vosotros. No desvincularos del avance de la sociedad, no perder relevancia en un mundo cada vez más global. Esto, y no la crisis, es lo que marcará el futuro de vuestra generación“.


Hoy estas palabras cobran sentido de nuevo, o al menos para mí. Porque miro a mi alrededor y observo que vivimos una nueva realidad, que nada es como lo conocíamos hace unos años, porque hemos vivido la crisis de toda una generación o la de varias al mismo tiempo.


Los economistas nos lo explicarán como un cambio de sistema fruto de ciclos macro económicos, nos dirán lo que nos espera en los próximos años, marcarán una fecha para recuperarnos y seguramente, tendrán toda la razón. Mucha más que yo.


Sin embargo, yo veo algo más. Porque nada es como lo era hace unos años, nada. Y esto, no depende sólo de la economía. Yo siento que hemos vivido la mayor crisis de identidad de las últimas décadas. Y siento que al despertarnos, hemos visto un mundo que no reconocemos como nuestro, una forma de funcionar que no nos gusta.


Y aquí nos encontramos hoy, aun despertando, y por esta razón, aquellas palabras de 2010 vuelven hoy a mi memoria para preguntarme de qué será capaz mi generación. Porque somos aquellos que dicen, hemos dejado de soñar, una generación sin sueños.




Esto último me lo dijeron hace unos pocos meses y una vez más, se me quedó grabado en la memoria. Quizá fue una simple provocación o una opinión sincera de alguien que observa impaciente a quienes estamos tomando el relevo. De cualquier forma, de nosotros va a depender el futuro que vamos a vivir, tu futuro y el mío.


Si ahora mismo pudiese responderle le diría que está equivocado, que no somos una generación sin sueños, que simplemente el mundo que nos han dejado no nos gusta. Que lo respetamos, pero que estamos encontrado una nueva forma de hacer las cosas.

Que la vida la entendemos de una forma diferente, que nos gusta trabajar y esforzarnos, pero en aquello que realmente nos apasiona. Porque sabemos que el tiempo es lo más valioso que tendremos nunca y queremos que dependa de nosotros a quién lo dedicamos y sobre todo, queremos entender para qué lo dedicamos.


Le diría que estamos aprendiendo a ser más felices con una vida más sencilla, que el camino que nos fijaron cuando aún éramos niños no nos está haciendo felices. Que ya no nos lo creemos, que un trabajo más reconocido o comprarnos una casa más grande no es suficiente si tenemos que hipotecar nuestros sueños.


Y le diría, que nos preocupamos por el mundo en el que vivimos, para que sea mejor para todos los que vivimos en él, para todos. Y que sabemos que se lo tendremos que dejar a los que vengan detrás de nosotros, para que también tengan su oportunidad.

Esto es lo que le diría hoy, porque así observo que una nueva generación comienza a entender la forma en la que vivimos, una generación que comienza a despertar.


Y vuelvo una última vez a 2010, porque me doy cuenta de que somos nosotros los responsables del país en el que viviremos dentro de 10 años, dentro de 20, y entonces, ya no tendremos excusas. Ya no podremos culpar nosotros a nadie ni podremos quejarnos sobre el mundo que nos han dejado.


Habremos sido nosotros los responsables. Nosotros, ahora, comenzamos a ser protagonistas y pienso entonces en lo que quiero crear en los próximos 10 años, en lo que quiere crear la gente que está a mí alrededor y los que no están tan cerca.

Pienso en lo mucho que necesitamos a gente que crea y luche por poner en marcha sus sueños, aunque no lo consigan a la primera y tengan que volver a intentarlo. Para hacernos recuperar de nuevo la ilusión, para volver a creer y no escuchar a aquellos que nos piden que nos resignemos, que nos conformemos con lo que tenemos.

El miedo, dicen, es una de las grandes enfermedades que sufre nuestra sociedad porque nos bloquea, porque nos genera frustración. Nos impide intentar todo lo que queremos poner marcha.


Por eso, que estas líneas sirvan de homenaje a todos esos héroes anónimos que han aprendido a vencer el miedo, los que perseveran en buscar sus sueños. Porque son ellos los que harán que este sea un país del que sentirse orgullo en unos años.

Sólo así podremos decir entonces, sin avergonzarnos dentro de unos años, que nosotros fuimos los responsables de crear el mundo en el que vivimos.


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