APORTACIONES EXTRAORDINARIAS: Solución práctica ante la falta de liquidez

Actualizado: may 27

Numerosas empresas españolas se han visto afectadas por la coyuntura que vivimos hasta el punto de ver comprometida su viabilidad financiera. Resulta razonable en este contexto que los negocios busquen vías de liquidez que les permitan superar este bache y continuar con su actividad.

En este artículo indagaremos en los detalles de las aportaciones extraordinarias de socios al patrimonio neto de la sociedad, una figura cuyo trato contable y fiscal ha variado en los últimos años y que, a día de hoy, puede suponer una solución práctica para cumplir con los requerimientos de patrimonio y solventar la causa de disolución por pérdidas.

# ¿En qué consisten las aportaciones extraordinarias de socios? Según el Plan General Contable (PGC), las aportaciones extraordinarias de socios son: “Elementos patrimoniales entregados por los socios o propietarios de la empresa cuando actúen como tales, en virtud de operaciones no descritas en otras cuentas. Es decir, siempre que no constituyan contraprestación por la entrega de bienes o prestación de servicios realizados por la empresa, ni tengan la naturaleza de pasivo. En particular, incluye las cantidades entregadas por los socios o propietarios para compensación de pérdidas.”

De esta definición podemos deducir que, si bien antes de la reforma del PGC las aportaciones de este tipo quedaban limitadas a la compensación de pérdidas, en la actualidad pueden destinarse a otro tipo de operaciones (mejorar la liquidez, financiar operaciones, etc.), y es aquí donde se encuentra la oportunidad de la que hoy hablaremos.

Como es sabido, según la legislación española las sociedades mercantiles están obligadas a tener un mínimo de patrimonio para poder realizar su actividad. Tanto es así que, si no cumplen con dicho nivel mínimo, deben disolverse. ¿Por qué? A través de este requerimiento se intenta evitar que haya sociedades operando (y por tanto contrayendo compromisos con proveedores y clientes) sin disponer de un mínimo de recursos con que poder cumplir con todas sus obligaciones – lo cual, todo sea dicho, tiene mucho sentido.

Este nivel de patrimonio mínimo obligatorio viene determinado por la cifra del capital social de la empresa por lo que, aunque podría pensarse que resulta necesario ampliar la cifra de capital para evitar incurrir en el riesgo de causa de disolución, las aportaciones extraordinarias de los socios pueden ser una alternativa muy práctica e interesante en estas situaciones (son más sencillas, no implican un aumento de capital y conllevan menos burocracia). Ahora bien, como todo, conviene antes de nada conocer su tratamiento mercantil, contable y fiscal.

# A nivel contable Desde el punto de vista contable, estas aportaciones no suponen un ingreso para la sociedad, es decir, no van a pasar por la cuenta de pérdidas y ganancias, se reflejan directamente en el patrimonio neto y su contabilización es similar a la de las reservas voluntarias.

De hecho, su regulación contable aparece en la norma 18 de registro y valoración del PGC referida a Subvenciones, donaciones y legados, donde se incluyen tanto las subvenciones otorgadas por terceros, como las concedidas por los socios: “Las subvenciones, donaciones y legados no reintegrables otorgados por socios o propietarios no constituyen ingresos y se contabilizan directamente en los fondos propios independientemente del tipo que sean.”

# A nivel mercantil Desde el punto de vista del Derecho Mercantil este tipo de aportación no se encuentra estrictamente regulada. Nos encontramos ante un tipo de decisión que se formaliza directamente mediante adopción del acuerdo por parte de los socios y su posterior reflejo en la correspondiente Acta (se recomienda, eso sí, tomar la decisión en Junta, aunque no es obligatorio – y en tal caso sólo condiciona a los socios que se hayan adherido a la decisión). Una de sus ventajas es por tanto que estas aportaciones no están sometidas a formalización en escritura ante Notario, ni a inscripción en el Registro Mercantil, lo que supone sin duda un ahorro de costes.

Ahora bien, las aportaciones extraordinarias a la cuenta 118 tienen una peculiaridad, y es que deben aportarse en cantidades proporcionales a la participación de cada socio en la entidad. Si alguno de los socios contribuyese con mayor capital del correspondiente se consideraría una donación, lo cual se traduciría a su vez en un aumento en el valor de adquisición del resto de socios sin haber aportado nada, y por tanto en un tratamiento fiscal diferente.

Por otro lado (como apunte), se dice en ocasiones que como deben entregarse a la sociedad a título de propiedad sin obligación de devolverse, no se pueden recuperar. Aunque en un principio es así, esto también es relativo. Si los socios (que son los que forman al fin y al cabo la voluntad de la sociedad) decidieran posteriormente por mayoría recuperar las aportaciones extraordinarias, podrían hacerlo siguiendo el procedimiento adecuado.

En este sentido, puesto que no existe regulación más allá de la norma contable, se puede entender que la distribución sería similar a la de las reservas disponibles y que se atenderá por tanto a las reglas y limitaciones previstas en el ámbito mercantil para la distribución de beneficios.

# A nivel Fiscal Como en los aumentos de capital, la aportación puede ser dineraria o en especie, incluso mediante compensación o condonación de créditos. Ahora bien, una desventaja que tienen las aportaciones frente a la ampliación de capital es que no se pueden realizar con cargo a las reservas de la sociedad, por lo que el desembolso siempre será a cuenta del patrimonio personal de los socios.

En este sentido, desde el punto de vista de la tributación directa (IRPF y Sociedades), para el socio que hace la aportación, ésta supone una inversión. En concreto, se incrementa el valor de la inversión que ya tenía previamente en la sociedad y, por tanto, su recuperación tendría el mismo tratamiento que la distribución de una prima de emisión. Eso sí, en la devolución se considera que el importe obtenido minorará el valor de adquisición de las acciones hasta su anulación y, el exceso que pudiera resultar tributará como rendimiento de capital mobiliario.

Por otro lado, en cuanto a tributación indirecta, la aportación extraordinaria está exenta de ITP y tiene las mismas consecuencias que la ampliación de capital (crecen los fondos propios y aumenta el valor de adquisición para los socios). Además, llegado el momento de la devolución también se le da el mismo tratamiento que a una reducción de capital, pero sin tener que satisfacer de nuevo el ITP.

# Conclusiones Tenido en cuenta lo mencionado, resulta claro que en situaciones de causa de disolución por pérdidas, antes de ampliar o reducir el capital social, o de formalizar un préstamo participativo, merece la pena estudiar como alternativa la realización una aportación extraordinaria por parte de los socios.

Ahora bien, es cierto que la situación será distinta según la entidad y sus peculiaridades, por lo que conviene en todo momento contar con profesionales que puedan guiarte en el proceso. Desde IVC ponemos como siempre a nuestro equipo a vuestra disposición para cualquier cuestión que pueda surgiros respecto a este tema.


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